DON BOSCO y LA EUCARISTÍA

j0313878 DON BOSCO y LA EUCARISTÍA[1]

1.- Devociones religiosas en la primera mitad del ochocientos

Don Bosco vivió en su formación una frecuente vida sacramental y cuidadosa observancia religiosa, igualmente recibió jóvenes y salesianos de una habitual o intensa vida de oración, La dimensión religiosa estaba muy presente en aquella cultura: eran comunes las oraciones de la mañana y la noche, antes de comer, el rezo del rosario en familia, hacerse la señal de la cruz frente a una iglesia o imagen religiosa, ayudar la misa, el rezo del Ángelus… El domingo era el día privilegiado de expresiones de fe en la parroquia: la primera misa temprano y a mitad de mañana la misa más solemne que reunía al pueblo. Por las tardes había reuniones en la parroquia para los adultos y catequesis para los niños, luego el rosario, la oración de la tarde y la bendición con el Santísimo. Además de la misa dominical se proponía participar diariamente en ella. La costumbre de las jaculatorias estaba muy extendida, igualmente se recomendaba un rato de lectura espiritual diario.

Eran propuestos también los Ejercicios Espirituales anuales y mensuales.

Para los estudiantes, desde primaria a la universidad muchas de estas experiencias religiosas eran grupales y obligatorias, en el mismo centro educativo y aún en vacaciones.

Hablando de la educación que le brindó su madre, Mamá Margarita, dice Don
Bosco que “su máximo cuidado fue instruir a sus hijos en la religión, encaminar en la obediencia y ocuparlos en cosas compatibles con aquella edad. Desde muy pequeño, ella misma me enseñó las oraciones; apenas fui capaz de unirme a mis hermanos, me arrodillaba con ellos por la mañana y por la noche y, juntos, recitábamos las oraciones y la tercera parte del rosario” [2]

En realidad las actitudes de participación dejaban que desear, sobre todo en los hombres, pero participaban… La adhesión femenina era mayor que la masculina.

Todo esta práctica religiosa se daba más en el campo que en la ciudades.

El párroco tenía un rol relevante por su autoridad moral y por las múltiples iniciativas asistenciales para los pobres, los enfermos y ancianos.

Hubo varios Santos que influyeron en la propagación de estas modalidades, entre otros: San Carlos Borromeo, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio. Don Bosco asume estas formas de religiosidad en su propuesta educativa del Oratorio.

Este enfoque educativo se dio al menos hasta los hechos históricos de 1848 contra la Restauración y el posterior proceso revolucionario de unificación de Italia que concluirá siendo anticlerical y antipapista.

2.- Devociones religiosas en la segunda mitad del ochocientos

Se da una crisis, fruto de la revolución, no sólo política, sino de autoridad y una profunda crisis de creencia: indiferencia religiosa. Habrá sacerdotes, incluso colaboradores de Don Bosco, que apostarán a la revolución. El nos atestigua algún hecho al respecto: “Los sacerdotes que solían venir a ayudarme en el sagrado ministerio se presentaron con insignia, escarapela y bandera tricolor y, además con un periódico realmente inmoral, titulado “Opinione”. Uno de ellos, muy respetable por su celo y doctrina, se colocó delante de mí y, viendo a mi lado al que tenía entre las manos “L’Armonia”, comenzó a decir: ‘¡qué vergüenza! Ya es hora de acabar con estos mojigatos’. Mientras decía esto, arrancó el periódico de las manos; haciéndolo mil pedazos, lo tiró por tierra y, escupiendo encima, lo pisoteó y pateó cien veces”.[3]

2-Camerette-3 En 1847 se dio el decreto de la emancipación de los hebreos y protestantes. Además publicaciones antirreligiosas, fruto de la libertad de prensa, incidían en las creencias religiosas populares. Don Bosco salió al encuentro de esta prensa con muchísimos escritos, especialmente la colección que llamó “Las lecturas Católicas”. A causa de este trabajo tuvo que enfrentar persecuciones que él mismo nos testimonia. En una oportunidad un enfrentamiento con algunas personas que pretendieron sobornarlo para que no continuara con su lucha literaria, concluyó así: “Usted hace mal, añadieron con voz y rostro alterados, mientras se ponían en pie; usted hace mal; usted nos está insultando; además quién sabe qué puede ocurrir aquí con usted; y, en tono amenazador, si sale de casa, ¿está seguro de poder volver”.[4]

Se daban representaciones teatrales, muchas de ellas callejeras, que ofendían la moral popular, un ejemplo lo plantea Don Bosco en la vida de Domingo Savio: “La ida y vuelta de clase, cosa tan peligrosa para los muchachos que de las aldeas van a las grandes ciudades, fue para nuestro Domingo un verdadero ejercicio de virtud. Constante en cumplir las órdenes de los superiores, iba a la escuela y volvía a casa sin escuchar ni mirar nada que fuese inconveniente para un joven cristiano”.[5]

La falta de sacerdotes, los obispos expulsados o no reemplazados… crearon una notable carencia de atención pastoral. El magisterio eclesiástico llamaba permanentemente la atención sobre la observancia del domingo como el día festivo.

Se mantienen obras de caridad hacia los postergados, pero el abandono de la práctica religiosa era creciente: disminuía el descanso en días festivos y por ende las manifestaciones religiosas.

Los campesinos que emigraban a la ciudad y participaban en las celebraciones eran por un reclamo interior o el atractivo de las celebraciones. Así le pasó a Bartolomé Garelli venido de Asti, según nos narra Don Bosco, aquel memorable 8 de diciembre de 1841:”… me encontraba revistiéndome con los ornamentos sagrados para celebrar la santa misa. El sacristán, José Comitti, al descubrir en un rincón a un jovencito, lo invitó a que me ayudara la misa. – No sé, respondió él, muy avergonzado…” [6]

Respondiéndole, Don Bosco, a Mons. Fransoni que le trasmitía cierta desconformidad de los párrocos sobre la actividad Oratoriana, ya que aquellos jóvenes podrían concurrir a las propias parroquias: “La mayor parte de los muchachos son extranjeros; viven en Turín sólo una parte del año. Ni siquiera saben a qué parroquia pertenecen. Muchos de ellos andan mal vestidos y emplean dialectos poco comprensibles, por lo que entienden poco y son poco entendidos por los demás. Algunos, por otra parte, siendo ya mayorcitos, no se atreven a mezclarse en la clase con los más chicos”.[7]

El fenómeno de la urbanización y la industrialización, superaron las inmediatas posibilidades urbanas[8]; tampoco fueron acompañados por una pastoral consecuente: “Palpé entonces por mí mismo que estos muchachos (salidos de las cárceles) reemprendía una vida honrada, olvidando el pasado, y se transformaban en buenos cristianos y honrados ciudadanos, si – una vez fuera del lugar de castigo – encontraban una mano benévola que se ocupara de ellos…”[9]

2.- Fermentos de renovación

No obstante la batalla anticlerical y anticatólica en el contexto de revolución a favor de la unidad italiana, se dio un resurgir de otras formas de expresiones religiosas, algunas tradicionales y otras novedosas: el mes de mayo, la adoración perpetua, la visita al Santísimo, la práctica de los primeros viernes en honor del Corazón de Jesús, jubileos, Congresos católicos, eucarísticos, marianos, pastoral de santuarios, producciones literarias populares (libros, periódicos, volantes, devocionarios…), numerosas asociaciones de beneficencia o de fuerte espiritualidad siempre con seria instrucción religiosa. Muchas de estas expresiones formaron parte habitual de la propuesta educativa que Don Bosco organizaba en el Oratorio. Merece particular atención la recopilación de oraciones y meditaciones que Don Bosco hizo en la publicación que llamó “El joven instruido”, editado por primera vez en 1847.[10]

creap25fy2 Un ejemplo de esta nueva pastoral fueron los grupos asociativos que llamaban Las Compañías, una de ellas la de San Luis fue creada en 1847: “…era necesario estimular la piedad mediante alguna práctica fija y uniforme. Se logró con la institución de la Compañía de San Luis… Todos querían inscribirse en ella. Para conseguirlo, se precisaban dos condiciones: buena conducta en la iglesia y fuera de ella; evitar las malas conversaciones y frecuentar los santos sacramentos. Poco después advertimos una notabilísima mejora en el comportamiento moral”[11]. Otra de las Compañías será la de la Inmaculada, fundada por el mismo Domingo Savio en 1856. En 1849 Don Bosco creó la “Sociedad de Mutuo Socorro” para atender a las necesidades más urgentes de los jóvenes trabajadores: desocupación, enfermedad, muerte… Será anexada en 1857 a la Sociedad de Mutuo Socorro de las Conferencias de San Vicente de Paúl introducidas ese año en el Oratorio. Es una respuesta de Don Bosco en oposición a la asociación “Sociedad Obrera” de tinte fuertemente anticlerical.[12]

3.- Expresiones de fe en el Oratorio de Valdocco

Estaban condicionadas por lo que se realizaba en Turín y Piamonte, pero también influyeron elementos específicos que provenían de sus integrantes: alumnos internos o externos, estudiantes y obreros, seminaristas y jóvenes, educadores y educandos, adultos y jóvenes, nuevos o antiguos integrantes de la población del Oratorio.

_1_10_26_3_19_ Los jóvenes encontraban las mismas costumbres que habían dejado de donde provenían. Se articulaban propuestas en forma habitual sea a nivel de los grupos como personal.

En diversos escritos Don Bosco habla de la Eucaristía reafirmando el dogma de la presencia real de Cristo, basándose en el relato evangélico, en la historia de la Iglesia y en milagros que subrayaron la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Un instrumento fundamental para todos, internos o externos, fue el Joven Instruido un libro escrito por Don Bosco que proponía las oraciones indicadas o sugeridas por el Catecismo diocesano de Turín y otras diócesis del Piamonte.

A mediados del ochocientos el acento espiritual está en las manifestaciones religiosas colectivas, que eran prolongación de las formas de oración individual de tiempos anteriores. Don Bosco había asumido para sus jóvenes esta modalidad, en la iglesia o fuera de ella. La oración personal estaba confiada a momentos elegidos libremente por los jóvenes, como las Visitas al Santísimo, o en momentos previstos.

4.- La comunión frecuente

En los últimos siglos se pensaba que la comunión eucarística era para los perfectos como los primeros cristianos por lo tanto se participaba en la misa, pero no se comulgaba. De ahí la campaña de la comunión frecuente, relacionada con la de la confesión semanal o mensual y la dirección espiritual. Un sacramento dispone al otro, Don Bosco pensaba así también.

Una aspecto que hay que señalar es que se distinguía entre la Misa y la comunión. Al hablar de la primera se entendía el Sacrificio de Cristo sobre el altar, mientras que la comunión era considerado como alimento espiritual y se podía recibir fuera de la Misa. En ambos aspectos hay un sentido de fe que subraya la presencia real de Cristo en el sacramento que se entrega.

Está muy vinculado con el Sistema Educativo que tiene una de sus bases en la amorevolezza, es decir en el amor demostrado.

Algunos aspectos característicos:

- El Joven Instruido invita genéricamente a frecuentar los sacramentos, pone como ejemplo a San Luis Gonzaga que de la comunión semanal pasó a la diaria.

- El reglamento del Oratorio habla de no dejar pasar el mes sin confesarse y comulgar.

_1_10_26_10_47_ Don Bosco aconsejaba la comunión diaria y la confesión semanal; siempre es el confesor, según él, quien puede aconsejar al respecto. Así lo plantea en las biografías que escribió sobre algunos alumnos suyos: Domingo Savio, Miguel Magone y Francisco Besucco como ejemplos de un gran amor a Jesús Eucaristía. Ponía también el acento no sólo en la frecuencia, sino en la buena preparación para la comunión, “estar en Gracia de Dios”, decía…

Valorando muchísimo el encuentro del joven o el niño con Jesús en la Eucaristía, y el efecto tan positivo que producía en sus vidas, también propicia la primera comunión lo antes posible: cuando fuera capaz de reconocer la presencia de Jesús en el pan eucarístico, distinto del pan de la mesa.

5.- La praxis de Don Bosco

Don Bosco quiere proponer a los jóvenes una experiencia positiva e intensa fruto de la idea que “la salvación de un joven depende ordinariamente de sus años de juventud” y que el joven “tiene que entregarse a Dios a tiempo”. Tiene también otra convicción: “Sólo la religión es capaz de empezar a poner en marcha la gran obra de una verdadera educación”, dice en 1848 en un escrito titulado Ejercicios espirituales a la Juventud. Y en la biografía de Domingo Savio dice: “ Está demostrado por la experiencia que los soportes más fuertes de la juventud son los sacramentos de la confesión y de la comunión. Denme un joven que frecuente estos sacramentos y lo verán crecer en la edad juvenil, llegar a la madurez y alcanzar, si Dios quiere, la más avanzada vejez con una conducta que será el ejemplo de todos los que le conozcan”.[13]

Poco a poco la comunión se va haciendo un alimento indispensable para el joven que tiene que vivir los desafíos típicos de su edad. Don Bosco cree en la acción de Dios en sus jóvenes y lo cree como educador que busca la madurez personal del joven como hijo de Dios. Cree que sólo en el encuentro con Dios encuentra su plenitud de persona: honrado ciudadano y buen cristiano. Al ministro de la Reina de Inglaterra que se asombraba en su visita al Oratorio del “perfecto silencio “ y de la disciplina de los jóvenes, le dijo que “la frecuente confesión y comunión y la misa diaria bien oída” son los “poderosos medios de educación” que tiene los católicos: ‘si no se usan esos elementos de religión, hace falta recurrir a las amenazas y al palo…”[14]

La comunión frecuente y hasta diaria es también, en el contexto político-social anticlerical, una afirmación pública de fe.

6.- Cómo fue educado Don Bosco y cómo educó:

Para poder profundizar este aspecto la fuente principal serán las Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, que escribió el mismo Don Bosco con una clara intención de hacer “memoria del futuro”, como dice el P. Pedro Braido en uno de sus escritos.[15] Cuando Don Bosco escribe estas Memorias en tres cuadernos, lo hace desde 1873 al 75, o sea que inicia el trabajo con 58 años, luego estará el trabajo de los 6 cuadernos del P. Joaquín Berto, su secretario, que los transcribirá y esto dura hasta 1879 y las correcciones que le hará Don Bosco.

“Se ha rastreado la presencia de una clara intencionalidad “pedagógica”… se encuentran sobreabundantemente, en número y calidad, los datos que permiten reconstruir los lineamientos fundamentales de la mentalidad, de la espiritualidad y del estilo educativo de Don Bosco. En síntesis allí se concentran los contenidos y métodos, que serán reformulados y enviados en los sucesivos escritos y en la praxis como componentes esenciales del Sistema Preventivo”.[16]

6.1. Su primera comunión:[17]

Don Bosco explicita, en las Memorias del Oratorio, la necesidad de una adecuada actitud interior para recibir la comunión. Se trata de “un gran don” (1. 299), un “gran día” (1. 311) porque Dios toma posesión del corazón (Cfr. 1. 312).

a017 La confesión constituye el acto central de la preparación. Están subrayadas las condiciones que la hacen expresión de conversión que le plantea su madre: la sinceridad absoluta y la transparencia – “no callar cosa alguna en confesión” (1. 299-300), “Di siempre todo en confesión” (1. 314) -, el arrepentimiento sincero – “arrepiéntete de todo” (1. 300) -, la promesa de cambio interior – “promete a Dios hacerte más bueno en adelante” (1. 300-301).

En perspectiva de futuro Margarita lo invita a comulgar frecuentemente (1. 313), pero cuidándose de “hacer sacrilegios” (1. 313-314). Esta es la primera indicación que encontramos en las Memorias sobre la frecuencia de los sacramentos de la confesión y de la comunión.

A la bondad de Dios, estamos invitados a corresponder con bondad y una mejor calidad de vida: “Estoy persuadida que verdaderamente Dios ha tomado posesión de tu corazón. Ahora prométele hacer cuanto puedas para conservarte bueno hasta el fin de la vida. En adelante ve a comulgar frecuentemente, pero cuídate bien de hacer sacrilegios. Di siempre todo en confesión, se siempre obediente, ve al catecismo y a las predicaciones con gusto, pero por amor del Señor huye como de la peste de los que tienen malas conversaciones” (1. 311-316).

Conservarse bueno hasta el fin significa concretamente para Juan, junto con la frecuente y santa celebración sacramental y la escucha de la Palabra de Dios (en referencia a la voluntaria participación en el catecismo y las predicaciones), ser “siempre obediente” (1. 314). El reconoce una mejoría en este punto fundamental para él, “al que tenía antes gran repugnancia, queriendo hacer siempre mis niñerías respecto a quien me mandaba o me daba buenos consejos” ( 1. 319-321).

Como defensa del don recibido y fidelidad al amor del Señor, es necesario huir “como de la peste de los que tienen malas conversaciones (1. 316).

La narración enuncia, finalmente, todas las condiciones que crean el clima espiritual ideal para la celebración de la primera comunión como base de progreso espiritual perceptible: la oración y la lectura en la casa, ya en el tiempo de la preparación (Cfr. 1. 300) y el cuidado de evitar charlar superficialidades y la actividad de carácter festivo y común (Cfr. 1. 305 y 1. 309) en la mañana de la primera comunión y durante la jornada.

El énfasis con que el texto presenta esta jornada es una experiencia paradigmática en la que el Autor parece indicarnos tres condiciones fundamentales que permiten un itinerario de vida cristiana: el encuentro personal con Dios, como finalidad; la actitud de conversión, como condición, la presencia educativa como ayuda indispensable.

6.2 Como joven y hasta la ordenación sacerdotal

Siendo estudiante en Chieri, funda la Sociedad la alegría con un “acuerdo común” breve, pero comprometedora. Son Bosco plantea lo que era “obligación” (1. 702-704), lo que estaba “prohibido” (1. 705-706) y lo que era motivo de “alejamiento” de la Sociedad (1. 706-708). El “acuerdo en común” puesto como base de la Sociedad de la Alegría presenta en términos de “deber evitar” y de “cumplir exactamente”.

b011 “Me encontré así a la cabeza de una multitud de compañeros, de común acuerdo fue puesto como base:

1º Cada miembro de la Sociedad de la Alegría debe evitar toda conversación que desdiga de un buen cristiano;

2º Exactitud en el cumplimiento de los deberes escolásticos y de los deberes religiosos (1. 710-713).

También se refiere a las predicaciones, a la confesión y comunión (1. 739-740) y la alusión al modelo educativo en que se formó, en el que “la religión formaba parte fundamental de la educación” (1. 741-742).

En el ambiente de Chieri se daba efectivamente la prioridad a la religión. Tales reglas eran válidas sea para los alumnos (1. 744-745)[18] como para los educadores (1. 742-745) y por esto capaces de involucrar a todos en el mismo movimiento espiritual y moral. Así se presentan los “maravillosos efectos” de este modo de educar: “Se pasaban también muchos años sin que se oyera una blasfemia o una conversación perversa. Los alumnos eran dóciles y respetuosos tanto en el tiempo del colegio, como en las propias familias. Y muchas veces ocurría que en clases numerosísimas, al fin de año, eran promovidos todos a la clase superior” (1. 756-760).

Un ambiente educativo y pastoral global, favorable a la consolidación interior de los adolescentes, a la potenciación de su personalidad en función de la conquista y de la transformación de la comunidad juvenil. Significativamente el Autor coloca en este contexto la elección del confesor estable que, en una relación de gran familiaridad y a través de la frecuencia sacramental, consolida la fortaleza interior del joven y su independencia de las influencias negativas de los compañeros (Cfr. 1. 762-771).

Presenta así la característica ideológica, la intuición fundamental y los resultados de un modelo educativo fundamentalmente idéntico al del Oratorio de Valdocco.

Ante el dilema de entrar o no al seminario o a un convento, la solución se busca, con los medios más prudentes: el diálogo y el consejo: “he pensado exponer todo al amigo Comollo”. El amigo, que había sido presentado como modelo ejemplar y como estímulo de vida cristiana, pero también como consejero, hace ahora de instrumento que orienta hacia una actitud de mayor confianza interior: “me dio como consejo hacer una novena, durante la cual él escribiría a su tío párroco” (1. 1265-1267). La preocupación de hacer un acto de obediencia a Dios, más allá de toda otra consideración, emerge de alguna forma de la insistencia sobre el tema de la oración: “El último día de la novena […] me confesé y comulgué, luego escuché misa, y ayudé otra en el duomo en el altar de la Virgen de las Gracias”.

b016 Iniciado ya el seminario, Don Bosco cuenta su encuentro con el teólogo Juan Borel, venido para los ejercicios espirituales y cita sus consejos: “Habiéndole pedido, al final, algún medio seguro para conservar el espíritu de la vocación durante el año y especialmente en el tiempo de las vacaciones él me dijo estas memorables palabras: con el recogimiento y con la frecuente comunión se perfecciona y se conserva la vocación y se forma al verdadero eclesiástico” (2. 476-480); agregará: “desde entonces en adelante me entregué con el máximo empeño a poner en práctica el consejo de teólogo Borel” (2. 563-565). Incluso la actitud ante la Misa será un índice para valorar los consejos recibidos: “Cuando le observé la preparación y la acción de gracias a la misa, el porte, el fervor en la celebración de ella, me di cuenta enseguida que aquel era un digno sacerdote” (2, 467- 410).

En su vida como seminarista tendrá que buscar cómo realizar la comunión frecuente, cosa que no era habitual: “…la santa comunión se podía hacer solamente el Domingo o en otra solemnidad especial. Alguna vez se hacía durante la semana, pero para esto era necesario cometer una desobediencia. Era necesario elegir la hora del desayuno, ir secretamente a la antigua iglesia de San Felipe, hacer la comunión, y luego volver a encontrar a los compañeros en el momento que volvían al estudio o a clase. Esta infracción de horario estaba prohibida, pero los superiores daban un tácito consenso, porque lo sabían y muchas veces lo veían, y no decía nada en contra. De esta forma he podido frecuentar más de una vez la santa comunión, que puedo llamar con razón el alimento más eficaz de mi vocación” (2. 157-166).

6.3 En los inicios del Oratorio

Ya ordenado sacerdote y luego de los años de estudios en el Convicto eclesiástico, empieza su actividad pastoral y la Marquesa de Barolo le facilita dos habitaciones en el Hospitalito donde él era capellán, escribirá: “ Aquel era el sitio elegido por la Divina Providencia para la primera iglesia del Oratorio. Comenzó a llamarse de San Francisco de Sales…” (2. 1079-1080). Y concluye con la primera definición significativa del Oratorio: “Por lo tanto el año 1844, el día 8 de diciembre, consagrado a la Inmaculada Concepción de María, con la autorización del Arzobispo, con un tiempo friísimo, en medio de nieve alta, que todavía caía abundante del cielo, se celebró la santa misa, varios jóvenes hicieron su confesión y comunión, y yo realicé aquella sagrada función con un tributo de lágrimas de consuelo, porque veía una forma, que parecía estable, de la Obra del Oratorio con la finalidad de entretener a la juventud más abandonada y en peligro luego de haber cumplido los deberes religiosos en la iglesia” (2. 1082 – 1099).

b006 En la época posterior, la del Oratorio itinerante, “en el que no podía tener cuidado directo de ellos por falta de local” (2, 769-770). Una de las etapas es cuando se lleva adelante en la iglesia de San Martín de los Molinos: “Las prácticas aquí se realizaban como en el Refugio. Pero no se podía celebrar misa, ni dar la bendición por la tarde, por lo tanto no podían comulgar, que es elemento fundamental de nuestra institución.(3, 63 – 66). En el prado de los hermanos Filippi se plantea el mismo cuestionamiento: “Pero en este lugar [¿cómo era posible] hacer las prácticas religiosas?” ( 3. 228). “De la mejor manera se hacía el catecismo, se cantaban alabanzas, se cantaban vísperas, más tarde […] un sermoncito” (3, 228 – 237), pero no la “Santa Misa y hacer la comunión” (3. 240).

Por fin cuando encuentra la posibilidad de un lugar estable para el Oratorio en la Casita Pinardi, luego de haber ido a verla, vuelve al campito donde estaban los jóvenes y así interpreta el hecho: “No busqué más. Corrí de prisa hacia mis jóvenes; los reuní en torno a mí y en alta voz me puse a gritar: – ¡Ánimo, queridos hijos, tenemos un oratorio más estable que antes; tendremos iglesia, sacristía, habitaciones para las clases, lugar para la recreación. El domingo, el domingo iremos al nuevo Oratorio que es allá en casa Pinardi; y les señalaba el lugar” (3, 518 – 523).

6.4 Consolidación del Oratorio y la Eucaristía

En aquel contexto, la búsqueda de una forma estable, con un lugar concreto sobre todo para la celebración de la Misa y un ambiente para las demás actividades, no aparece como algo secundario, sino como uno de los elementos esenciales para la misión.

La narración vincula la estabilidad del Oratorio inmediatamente con el lugar en que es posible la celebración de la Eucaristía. Así aparece en la narración del sueño de octubre de 1844, en el que la inscripción “en caracteres cubitales” puesta en la fachada interior de la iglesia “Aquí está mi casa, de aquí saldrá mi gloria” y la invitación a cantar misa están para indicar el centro de la vida del Oratorio y no solamente su ubicación geográfica (2. 1007 – 1011); así resulta en la narración del 8 de diciembre de aquel mismo año, cuando en el Refugio es “bendecida la anhelada capilla, se celebró la santa misa, varios jovencitos se confesaron y comulgaron” (2. 1094 – 1096), donde se agrega claramente: “Yo realicé aquella sagrada función con un tributo de lágrimas de consuelo, porque veía la forma, que parecía estable, de la Obra del Oratorio con el fin de entretener la juventud más abandonada y en peligro luego de haber cumplido sus deberes religiosos en la iglesia (2. 1096 – 1099).

b025 Cuanto es narrado “después” de esta última frase – en el tercer cuaderno de las Memorias – ayuda a captar la clara prioridad de la Eucaristía para la “estabilidad” del Oratorio en la mente del Autor: “en la capilla anexa al edifico del Hospitalito de Santa Filomena el Oratorio se encaminaba óptimamente. En los días festivos venían en tropel los jovencitos para hacer su confesión y comunión” (3. 6 – 8). Al contrario, en San Martín, donde Don Bosco encuentra justamente esta dificultad “no se podía celebrar misa, ni dar la bendición por la tarde, por lo mismo no era posible la comunión, que es elemento fundamental de nuestra institución” (3. 62 – 65). En el tiempo itinerante – es cuando explícitamente se evidencia el hecho que “en estas iglesias procuraba celebrarles la Santa Misa por la mañana con la explicación del evangelio” (3 148 – 150) -, enseguida dice: “Parecía que esta crítica situación debiera sacar de la cabeza toda idea de Oratorio, y sin embargo aumentaba el número extraordinario de los nuevos” (3 151 n- 153). Contando las actividades desarrolladas en el invierno pasado en casa Moretta, se subraya sobre todo el ministerio de las confesiones: “contentos de poder, al menos, recoger en aquellas habitaciones a nuestros alumnos, instruirlos y darles la comodidad especialmente de la confesión” (3. 159 – 161). En tanto la pregunta, puesta por el narrador, sobre las condiciones para celebrar la Eucaristía resulta todavía central cuando leemos: “El Oratorio en un prado” (3. 219): “Pero en este lugar, ¿cómo hacer las prácticas religiosas?” (3. 228). La solución encontrada para la santa misa no era tan simple, como para las confesiones (cfr. 3. 233 – 237) y sin embargo parecía necesaria: “Otro sonido de trompeta indicaba el silencio que me daba lugar a hablar e indicar dónde íbamos a escuchar la Santa Misa y hacer la Comunión” (3. 239 – 240; 3. 280). Así podemos entender también el diálogo entre Pinardi y Don Bosco, donde está indicada la finalidad para la que se busca un lugar: “No un laboratorio, sino un Oratorio, una pequeña iglesia para reunir a los jovencitos” (3. 501 – 502) y la jerarquización con que poco después son descritos los ambientes a los jóvenes: “Regresé rápido hacia mis jóvenes, los reuní en torno a mí y con voz fuerte me puse a gritar: -¡Ánimo! Hijos míos, tenemos un Oratorio más estable que antes; tendremos iglesia, sacristía, salones para las clases, lugar para la recreación” (3. 519 – 521).

La narración dice, ahora, que el Arzobispo concede la “facultad de bendecir y consagrar al culto divino este modesto edificio”, renueva la “facultad ya concedida cuando estábamos en el Refugio, o sea cantar misa, hacer triduos, novenas, ejercicios espirituales, preparar a la confirmación, a la santa comunión, poder también cumplir con el precepto pascual a todos aquellos que frecuentaran nuestra Institución” (3. 549 – 555).

La Eucaristía, en fin, tiene una centralidad evidente en la descripción de las primeras actividades en Valdocco (Cfr. 3. 561 – 572).

Justamente esta estabilización en torno a la Eucaristía, muchas veces atestiguada, y el modo nuevo de vivir en comunidad generan, según la trama narrativa, dos de las dificultades ya presentadas: la primera, un posible ámbito de conflicto con las actividades de las parroquias, o sea “la cuestión de los párrocos turineses” ( 3. 204)[19]; la segunda, una falsificación de la finalidad verdadera de aquellas reuniones, o sea la cuestión del orden público y las intervenciones del Vicario de la Ciudad Miguel Cavour, ante el que Don Bosco deberá retrucar explícitamente “mis reuniones no tienen finalidad política: yo enseño el Catecismo a los pobres jovencitos y hago esto con el permiso del Arzobispo” (3. 332 – 333)[20].

La estabilidad está garantida visiblemente por una iglesia, o sea una casa que posibilita un modo permanente de encuentro sacramental con Cristo.

7. A la luz de la experiencia de Don Bosco

d041 Ser educador-pastor, como Don Bosco, es una identidad que se va cultivando en la relación con Cristo, en la comunión con El. La Eucaristía, “elemento fundamental de nuestra institución” (3. 64 -65), como decía él, y la vida de oración hacen posible al educador vivir la propia misión educativa como participación en el amor de Dios por los jóvenes.

Concretamente, ser educador-pastor, según el corazón de Cristo, exige la renovada entrega total de la persona, de la vida y de la salud, de las capacidades y actividades, superando los conflictos impulsado por la única ocupación: la misión. Implica la purificación de las intenciones que mueve en las actividades y exige el desprendimiento de sí mismo y la renuncia a las actividades o intereses que son obstáculo para el progreso espiritual y pedagógico. Implica el reordenamiento de las actividades inherentes a la misión, teniendo como fuente el modelo de la entrega total de Cristo celebrado en la Eucaristía.

Se origina así un proceso educativo que da origen a varios ámbitos de intervención reflejados en las diversas dimensiones de la persona (intelectual, afectiva y operativa), sea como individuo, sea en la identidad social propia. En esta perspectiva, una línea que caracteriza el modelo de educador-pastor es lo completo de la intervención educativa planteada por Don Bosco tanto en lo espiritual como en temporal: “para que lleguen a ser buenos cristianos respecto a la religión, honestos ciudadanos en medio de la sociedad civil” (3. 1394 – 1397).

La naturaleza esencialmente pedagógica del modelo educativo está dada por el hecho que el destinatario es un joven; necesitado de una propuesta directa en el ámbito cultural, de trabajo, artístico o recreativo además de lo específicamente catequístico. Una propuesta educativa motivada sea por una visión no sectorizada de la persona, sea por la situación de abandono en la que el joven se encuentra.

Por este motivo es simultáneamente verdadero que “la Eucaristía es el fundamento de nuestra institución” y que en la misma institución encuentran espacio y desarrollo muchas y diversas actividades de formación y recreación. El autor habla de “mezcla de devoción, juegos y paseos” (3. 290 – 291)[21].

Trabajo preparado por el P. Manuel Pérez (URU).


[1] STELLA PEDRO, Don Bosco nella storia della religiosità católica vol II, PAS-VERLAG – ZURCÍ, 1969, págs. 275 – 357; J.M. PRELLEZO, Don Bosco en la historia, Editorial CCS – Madrid 1990, págs. 373 – 394;

ANTONIO FIGUEIRA, Niveles de lectura y claves interpretativas de las Memorias del Oratorio. Entre autobiografía espiritual y propuesta de un modelo educativo pastoral carismático, UPS – Facultad de Teología, sesión de Turín, relator prof. Aldo Giraudo, a.a. 1998 – 1999.

[2] SAN JUAN BOSCO, Memoria del Oratorio de San Francisco de Sales ( 1. 104-109)

[3] Ibid. 3, 1414 – 1420.

[4] Ibid. 3, 1868 – 1871

[5] SAN JUAN BOSCO, Obras fundamentales, BAC Madrid 1978, pág. 153.

[6] SAN JUAN BOSCO, Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, op. cit. 2, 772 – 830.

[7] Ibid. 2, 1063 – 1068.

[8] Turín tenía en 1835, 117.00 habitantes, en 1852: 204.750 y en 1864, 218.000.

[9] Ibid. 2, 834 – 238.

[10] Al morir Don Bosco en 1888, se había publicado 118 ediciones en italiano, 2 en francés, varias en español y se preparaba una en portugués.

[11] Ibid. 3, 1004 – 1006; 1011 – 1015 .

[12] PERAZA FERNANDO , Iniciación al estudio de Don Bosco, CSR, Quito 1995,pág 136.

[13] SAN JUAN BOSCO, Obras fundamentales, BAC Madrid 1978, pág. 169-170.

[14] Mbe 7, 475.

[15] Ricerche Storiche Salesiane 20, (1992), pp. 126-127.

[16] Ibid.

[17] Cfr.: ANTONIO FIGUEIRA, Niveles de lectura y claves interpretativas de las Memorias del Oratorio. Entre autobiografía espiritual y propuesta de un modelo educativo pastoral carismático, UPS – Facultad de Teología, sesión de Turín, relator prof. Aldo Giraudo, a.a. 1998 -1999

[18] Memorias 1. 748-755.

[19] Cfr. Memorias, 3. 165 – 211.

[20] Ibid., 3. 717.

[21] La temática está también acentuada en Memorias 3. 194 – 196.

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