DON BOSCO, EDUCADOR: el Sistema Preventivo

 

– Antoni DOMENECH –

(Fuente: Cuadernos de Formación Permanente/5 – Editorial CCS. Madrid

1. EL SISTEMA PREVENTIVO, EXPRESION DEL ALMA EDUCATIVA Y PASTORAL DE DON BOSCO

El sistema educativo que Don Bosco nos dejó está estrechamente unido a su persona, a su forma de actuar y de responder a los retos que le plantearon sus tiempos. Don Bosco no nos ha dejado una teoría educativa plasmada en unos escritos o instituciones ya hechas, sino un estilo de actuar, una historia personal. Su originalidad, por tanto, hay que buscarla en la praxis y en el quehacer diario. No se trata, pues, de entender un sistema de ideas, sino de entrar en contacto con una vocación pedagógica, con una experiencia vital y de fe.

Por otro lado, el Sistema Preventivo en Don Bosco no se limita a una realidad pedagógica, sino que está íntimamente unida a otras preocupaciones que la inspiran y a veces la superan: la preocupación caritativa, por la que quería liberar de la pobreza y miseria a los jóvenes y se sometía por ellos a la penosa tarea de pedir limosna; la tensión pastoral que le llevaba a buscar la salvación cristiana del pueblo y a intervenir en un campo mucho más amplio: prensa, misiones, devoción popular, etc.; su misión de fundador de una nueva forma de vida religiosa adecuada a unos tiempos y a una sociedad cada vez más autonómica y secular. Todas esas realidades se fundieron en una vigorosa síntesis que Don Bosco mismo llamaba «su Sistema».

Pero ese sistema no quedó cerrado y fijo al morir Don Bosco. Heredado por un movimiento de educadores, éstos lo aplicaron y desarrollaron a lo largo de cien años a través de gran variedad de programas e instituciones educativas. El Sistema Preventivo, precisamente porque es una vida, no puede reducirse a un tiempo y a una institución; es una corriente pluriforme de contenidos, metodologías, criterios, instituciones, experiencias…, focalizadas alrededor de un núcleo identificador, formado por unas cuantas intuiciones educativas y pastorales claves y por unos criterios y objetivos inspiradores de un talante o actitud concreta. Con este núcleo se afronta la realidad y se crean respuestas adecuadas en cada momento.

Por tanto hoy no se trata tanto de estudiar científicamente una nueva teoría pedagógica, sino de aproximarse lo más posible a un estilo de vida, a un modelo de arte educativo, a un ambiente creado alrededor de aquella personalidad a la vez suave y fuerte, humana y sobrenatural; de participar en su fuego interior, en su profunda experiencia pastoral inspiradora de su actuación y, desde esta sintonía con Don Bosco y los educadores que le siguieron, abrirse a la actual situación de los jóvenes, percibir sus retos y crear una respuesta adecuada.

 

2. SU PRINCIPIO FUNDAMENTAL: LA INTEGRALIDAD DE LA RESPUESTA EDUCATIVA Y PASTORAL

Una de las características de los grandes genios es la capacidad de hacer síntesis originales y propias con elementos que a otros parecían contrarios o difícilmente armonizables.

Toda la vida, la obra y el pensamiento de Don Bosco están dominados y unificados por una idea que es, al mismo tiempo, una aspiración totalizadora: la salvación redentora en la Iglesia católica: ayudar a que todos encuentren en la Iglesia a Cristo y en Cristo el sentido de su vida y el camino de una realización liberadora de lo mejor de sí.

Todo lo que le parecía estrechamente conexo con ello y concretamente factible, se hacía imperativo para él. Movido por ese objetivo final, que es como su orientación fundamental, Don Bosco asume todo lo que encuentra y se esfuerza por hacerlo realidad, atento a la experiencia, a cuya luz revisa y mejora continuamente su actuación.

Esta síntesis original de elementos diversos que se apoyan mutuamente en una convergencia armónica, es lo que queremos expresar cuando hablamos de «integralidad». Constituye la pri­mera característica del estilo de actuar que nos ha dejado Don Bosco: una dinámica focalización de todos los elementos, inter­venciones y posibilidades hacia un objetivo común: la promoción integral de los jóvenes, sobre todo los más pobres y en difi­cultades.

Este es uno de los retos más importantes de nuestra sociedad tan compleja y pluralista, en la que se da una superespecializa­ción de intervenciones e instituciones, una yuxtaposición y ni­velación de valores y experiencias y una fraccionalización de vivencias que impiden al hombre concebir y asumir un proyecto de largo alcance que dé sentido global a toda su existencia y así experimentarse salvado.

2.1. El centro de su sistema: la persona del joven

El centro de interés de la práctica tanto educativa como pas­toral de Don Bosco, es la persona del joven considerada en toda su integralidad, como persona en este mundo en relación con Dios: hacer del joven «un honrado ciudadano y un buen cristiano».

Con este programa quiso él responder, desde la práctica, a los que sostenían que la religión era un obstáculo para una au­téntica educación abierta al progreso y a los valores humanos y sociales emergentes.

Hoy el reto sigue en pie en nuestra sociedad secular, que piensa que lo religioso no entra ni debe interferir en los proble­mas humanos y sociales. En ella se fomenta un dualismo pro­fundo entre la fe y la vida que desemboca o en una religión sin influencia alguna sobre la vida, el pensamiento y la realidad so­cial de la persona, o en un comportamiento amoral en el que sólo cuentan los valores técnicos e inmediatos. Una fe cada vez más relegada a la esfera de lo privado y subjetivo y, en consecuencia, ausente de las grandes decisiones colectivas.

Un educador que lleve consigo esta visión, no puede menos que comunicarla consciente o inconscientemente. Por eso hemos de revivir personalmente la integralidad del proyecto de Don Bosco.

Ello supone hoy tres cosas:

• Formular y compartir un proyecto educativo centrado en la persona, vista a la luz de su destino definitivo ante Dios.

• Realizar cada elemento del proyecto en profundidad, cons­ciente que tras lo didáctico está lo educativo, dentro de lo educativo está la orientación de la vida, dentro de la vida está la búsqueda de sentido.

• Hacer una propuesta de fe que dé significado saívífico a todos los aspectos de la vida cotidiana, no sólo a los con­siderados religiosos.

2.2. Contenidos concretos de esa integralidad: el trinomio de Don Bosco

«Este sistema descansa por entero en la razón, en la religión y en el amor.»

Este trinomio, que sintetiza el sistema educativo y pastoral de Don Bosco, cubre todos los aspectos de la educación (con­tenidos, relación, ambiente, fines…) y los funde y relaciona mutuamente.

El estudio y preparación profesional, el deber y responsabili­dad, la buena educación, el trabajo y la profesionalidad, la mo­deración y la sociabilidad son expresiones de la razón, o dimen­sión cultural del proyecto, inspirada por la fe que aporta las mo­tivaciones profundas y los valores fundamentales.

La moralidad y la conciencia, la fe y la apertura a la trascen­dencia, la catequesis y formación religiosa, la práctica y el com­promiso en la comunidad eclesial, constituyen la dimensión re­ligiosa, encarnada en las esperanzas humanas, dándoles profun­didad y sentido definitivo.

La cercanía grata y compartida, el afecto demostrado sensi­blemente a través de gestos comprensibles, la confianza y la relación educativa positiva, concretan el principio metodológico de la amabilidad, que es la traducción pedagógica de la caridad cristiana que acompaña, anima y sostiene la realización de los otros dos principios.

2.3. La vivencia de estos tres elementos en nuestro hoy

Estos elementos centrales y mutuamente interrelacionados los hemos de traducir a nuestro hoy. He aquí algunas pistas para ello.

RAZON_1_10_26_10_26_

La base de la racionalidad educativa para Don Bosco está en su confianza en la bondad de los chicos y en su apertura a la verdad. Los jóvenes pobres y en dificultades necesitan que el educador crea en sus fuerzas interiores positivas para ayudar a potenciarlas y hacerles cada vez más sujetos activos, críticos y creativos en los procesos educativos, sociales y culturales que deben vivir.

Esa confianza y actitud de animación se manifiesta a través de:

— diálogo interpersonal;

— educación a la profundidad, frente a la superficialidad am­biental. Eso supone:

• atención a las motivaciones y valores,

• educación desde lo positivo,

• descubrimiento de las riquezas interiores de cada uno.

— iniciación a la valoración y a la crítica desde una propia escala de valores, frente al pluralismo ideológico y cul­tural;

— conocimiento de la persona y respeto a su individualidad, frente a una socialización masificadora;

— estructuras funcionales, flexibles, sencillas, descentrali­zadas;

— aprecio y utilización de las ciencias del hombre que po­tencian en el educador su competencia y profesionalidad.

RELIGION

_1_10_26_10_25_ La religión es para Don Bosco el esfuerzo por llegar a la pro­fundidad de la conciencia, a aquellos motivos que el hombre considera absolutos; es ayudar al hombre a vivir desde lo mejor de sí mismo; es plenitud de sentido, reconocimiento de Dios como Padre que hace crecer todo lo que es vida; es propuesta de fe­licidad.

Esto se manifiesta en:

— una concepción religiosa de la vida: hacerlo y unirlo todo ante Dios y a su servicio, en una actitud de filial obedien­cia y de alegre relación personal de amistad con Dios presente y actuante en la historia;

— una sólida formación religiosa que ayude al muchacho a plantearse cuestiones de fondo, que presente la fe como un valor para la persona y que haga comprensible y signi­ficativo el mensaje;

— unos momentos concretos de vivencia religiosa profunda que les ayude a hacer una experiencia positiva de Dios; educar a la interioridad, a la oración y al lenguaje de los símbolos; iniciar a las celebraciones cristianas y a los sacramentos;

— un compromiso de vida que traduzca en realidades de ser­vicio las vivencias interiores y así las autentifique y haga más sólidas;

— un ambiente religioso y de profundidad apto para desarro­llar la vida cristiana; en este ambiente es esencial la pre­sencia activa y significativa de educadores y compañeros que vivan y testifiquen estos valores, así como la expe­riencia de grupo en el que se asuman personalmente las propuestas generales y las vivencias ambientales para con­cretarlas y traducirlas en compromiso concreto;

— todo ello hacia un proyecto de vida unitario, inspirado en el Evangelio. No podemos quedarnos en hacer unas prác­ticas o crear un ambiente positivo, hay que ayudar al chico a madurar hacia una estructuración de toda su persona alrededor de un núcleo central que sea plenamente evan­gélico (opción vocacional cristiana).

AMABILIDAD

_1_10_26_10_22_ La educación es siempre un hecho personal: una interrelación entre el educador y el joven.

Esta relación sólo es posible desde el amor y aprecio expe­rimentado; y esto es, sobre todo, importante con los adolescen­tes que tienen deficiencias familiares o sociales.

La amabilidad salesiana es esa relación educativa sólida, fun­dada en el afecto personal maduro expresado con gestos inme­diatos y comprensibles para los muchachos, síntesis de caridad cristiana y de sentido pedagógico.

Hoy día esa amabilidad salesiana se concreta en las siguien­tes tareas:

— contra la masificación y la simple prestación de servicios hay que llegar a la vida y a la persona del joven perso­nalizando las relaciones;

— ante la exigencia de la democratización que tiende a nive­lar las relaciones, eliminar las caretas funcionales y las barreras institucionales fomentando un trato franco, au­téntico y participativo;

— frente a la carencia afectiva y la sensación de soledad, ofrecer pruebas concretas de un afecto maduro: valorar siempre, actitud comprensiva y aceptación paciente del camino del Otro, exigencia y autoridad moral;

— frente a la complejidad de las relaciones educativas, es necesario fomentar nuevas actitudes entre los educadores con los jóvenes y entre los mismos educandos.

Resumiendo todo lo que llevamos dicho, podríamos caracte­rizar así unas relaciones educativas que encarnen el Sistema Preventivo de Don Bosco[1]:

 

RELACIONES

CONTENIDOS

ACTITUDES

ORGANIZACION

Educador -

educador

Convergencia en el Proyecto Educativo

Testimonio y coherencia

Relaciones de cooperación y solidaridad

Exigencia y honradez profesional

Formar comunidad educativa

Estilo democrático y participativo

Educador-

educandos

Contenidos educativos centrados en la persona del joven

Valores éticos y religiosos que puedan ser percibidos en la actitud del educador

Estilo animador: autoridad moral (propuestas, información, espacios de libertad)

Bondad que manifieste el aprecio por el valor de cada persona

Presencia activa y activadora

Crear comunidad entre todos: sentido de pertenencia

Estructuras que favorezcan

las relaciones personales

Educandos- educandos

Participación en objetivos comunes

Familiaridad: que se sientan como en casa

Compañerismo y amistad

Protagonismo y responsabilidad

El grupo como elemento de encuentro y participación

Espacios de libertad y creatividad

3. LAS INTERVENCIONES BASICAS

Don Bosco, hombre práctico, no se limita a proponer unos principios educativos, sino que los encarna en unas actuaciones concretas, en obras y programas educativos con los que intenta responder prácticamente a los retos que la realidad le presenta.

Este es el nivel en el que podemos y debemos ser hoy más creativos, pues la realidad juvenil ha cambiado mucho y nos lanza nuevas interpelaciones.

Para ayudarnos en esta tarea es necesario tener presentes los criterios y cualidades fundamentales de las actuaciones prácticas de Don Bosco.

_1_10_26_10_33_ 3.1. Importancia de un ambiente educativo en el que los jóvenes respiren los valores que se les quiere inculcar y se sientan em­pujados a valorarlos y vivirlos.

He aquí algunas cualidades de este ambiente:

— un ambiente de calidad humana hecha de acogida y relación personal, en un clima de alegría, espontaneidad, fiesta y gratuidad;

— un ambiente que abra y favorezca espacios de participación y protagonismo de los mismos jóvenes. Para ello informar, proponer, sensibilizar, reflexionar, dialogar, crear canales prácticos de comunicación en todos los sentidos…;

— un ambiente de calidad evangélica, que favorezca la inte­riorización y superación de la superficialidad ambiental, promueva experiencias religiosas.—válidas y significativas, con testimonios creyentes cercanos y apreciados;

— un ambiente abierto a la realidad familiar, social o eclesial en que se halla inserto el muchacho;

— un ambiente que llegue al mayor número posible de jóvenes con ofertas educativas diferenciadas y coordinadas entre sí, según las distintas necesidades y posibilidades;

— un ambiente obra de toda la comunidad educativa que actúa con unidad de Criterios y de realizaciones.

3.2. Necesidad de una presencia-seguimiento-relación personal entre el educador y el educando. Es lo que Don Bosco llama «asis­tencia».

Supone, a la vez:

— salir al encuentro del joven, promoviendo con iniciativa y creatividad encuentros positivos con ellos, sobre todo con los alejados;

— estar entre ellos con una relación de empatía y cercanía;

— proponer y animar, superando la actitud de vigilancia pa­siva; descubriendo lo positivo, ayudando a desarrollarlo y fomentando el propio protagonismo;

— testimoniar los valores encarnados en la vida de cada día;

— prevenir y acompañar al joven en la interiorización de esos valores y convicciones;

— fomentar el grupo y el compromiso.

 

4. EL EDUCADOR SEGUN EL SISTEMA PREVENTIVO

Para Don Bosco el sistema es su persona, su inteligencia y su corazón puestos al servicio de los jóvenes y de su salvación. Y con él, el equipo de colaboradores que supo formar y aglutinar a su alrededor. Por eso, el Sistema Preventivo es fundamental­mente un educador o mejor, una comunidad educativa, que sabe encarnar sus valores y hacer camino con los jóvenes, y mediante su testimonio, su cercanía y diálogo, sus vivencias, interpelaciones y propuestas, es para ellos punto de referencia y modelo de iden­tificación.

_1_10_26_10_23_ El educador cristiano y salesiano es un testigo del Evangelio en el mundo de la cultura y de la educación; un hombre que hace pasar el mensaje cristiano por su inteligencia, su corazón y sus obras, lo hace sentir a los otros como un valor e invita a acep­tarlo en la propia vida como un horizonte más amplio de sentido.

Esto exige a los educadores: ser personas maduras, unificadas, serenas y equilibradas; optimistas y alegres; capaces de relación y diálogo; que amen la vida y crean en los demás con realismo y esperanza; competentes y preparados en el campo pedagógico, cultural y evangelizador; con iniciativa y creatividad; cristianos convencidos y coherentes que. traduzcan su fe en actitudes, op­ciones y estilo de vida realmente evangélicos.

Sin educadores que tiendan a realizar en sí mismos este ideal, difícilmente se podrá realizar el proyecto de Don Bosco.

Para ayudar a caminar hacia ese ideal presentamos los rasgos de un educador-tipo según el corazón de Don Bosco, contrastán­dolos con los de un educador que ha perdido el sentido de su vocación y se ha estancado.

El cuadro, inspirado en P. Schilligo, puede ayudarnos a analizar nuestro propio proceso de renovación.

 

EDUCADOR ESTANDARIZADO

 

EDUCADOR SEGUN DON BOSCO

  Miedo a conocerse y a ser co­nocido.

  Sentimiento de inutilidad e in­competencia.

  Busca la aprobación y depende de ella.

  A la defensiva en las relacio­nes personajes de tú a tú.

  Miedo al cambio y al riesgo.

  Angustia ante los límites y di­ficultades.

  Se atrinchera detrás de normas y leyes.

 

 

  Fuerte identidad personal con una clara idea de sí mismo, de sus valores y defectos.

  Confianza en sí mismo y senti­do de competencia ante las si­tuaciones.

  Capaz de abrirse a los otros sin autodefenderse.

  Capaz de riesgo.

  Capaz de escuchar y aprender de los jóvenes.

  Asume los límites propios y de los demás con paciencia y per­severancia.

  Comunica a los demás confian­za y entusiasmo.

 

  Crea barreras, poniéndose a la defensiva ante lo nuevo, dife­rente o desconocido; tiende a grupos cerrados u homogéneos.

  Tiende al dogmatismo-autorita­rismo, o por el contrario a de­jarlo pasar todo acríticamente (permisivismo).

  Usa la autoridad como refugio de su inseguridad; por eso es dura, lejana, extremista (o todo o nada).

 

  Capaz de crear comunión y su­perar distancias.

  Capaz de integrar progresiva­mente a los alejados.

  Sabe entrar en un auténtico diá­logo que reconoce las diferencias, pero se abre al inter­cambio.

  Su autoridad consiste en su ca­pacidad de convencer, de arrastrar, de comunicar su riqueza interior. Es, pues, cercana, casi no se nota.

 

  Capta las situaciones superfi­cialmente: cae en fáciles clasi­ficaciones echando las culpas a los demás.

  Ante las dificultades cree que no se puede hacer nada.

  Activista, sin un proyecto con­creto y exigente.

  Le cuesta mucho trabajar en equipo.

  Ni cambia él ni es capaz de conducir al otro a un cambio en profundidad.

 

 

  Tiene un fino sentido de obser­vación que le hace captar las situaciones con gran realismo, y, a la vez, descubrir caminos positivos de intervención.

  Tiene un compromiso real, con­creto, duradero, sin irse por las ramas.

  Con una acción planificada, com­partida, reflexionada.

  Suscita colaboradores.

  Conduce al joven a un cambio en profundidad, a un descubri­miento más profundo de sí mis­mo y a una entrega más radi­cal a su vocación.

 

 

5. PISTAS PARA EL DIALOGO COMUNITARIO

— Ayudados por el cuadro anterior, valorar nuestra capacidad de incidencia educativa en las relaciones con los jóvenes.

— Tomar el proyecto educativo-pastoral de la obra en que tra­bajamos y ver cómo aparecen en él los elementos centrales del Sistema Preventivo. Después, preguntarse:

· ¿Cómo los llevamos adelante?

· ¿Qué elementos influyen en positivo y en negativo tanto en las personas como en las estructuras y en las activi­dades?

 

6. BIBLIOGRAFIA

P. BRAIDO, El sistema educativo de Don Bosco, Instituto Teológico Salesiano de Guatemala, Editorial CCS, Madrid, 1984.

J. VECCHI y J. M. PRELLEZO, Proyecto educativo pastoral. Conceptos funda­mentales, Editorial CCS, Madrid, 1986. Sobre todo los artículos «Sistema preventivo», pp. 75-91; «Promoción integral», pp. 113-131; «La asistencia como presencia activa del educador», Pp. 206-218; «EI ambiente como factor educativo», pp. 375-381.

CENTRO INTERNACIONAL SALESIANO DE PASTORAL JUVENIL, Comunidad educativa en formación/3: Nuestra propuesta educativa, Editorial CCS, Madrid, 1986, pp. 10-111.


[1] Cfr. Comunidad Educativa en Formación/3: Nuestra propuesta educativa. Editorial CCS, Madrid, 1986, p. 57.

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